Friday, January 7, 2011
famili mattersn
En el sureste tabasqueño un buen desayuno consiste en huevos revueltos con longaniza, frijoles negros y platano macho frito, o al menos es un buen desayuno de Mama Elba, mi abuela materna. Luego, un jeep modelo 80 que apenas arranca, camino a una playa en cuyo horizonte se ven las plataformas petroleras. Y mi abuelo, mas flaco que nunca, en cama, sin lucidez y una sonrisa de niño. Luego, mi bisabuela tendida en una hamaca frente a un campo con gallinas e iguanas subiendo por los árboles. A unos pasos, la casa donde mi abuelo creció, abandonada, llena de panales de avispas en los travesaños de madera del techo. Y con la llave prestada por una tía cuyo nombre no recuerdo, entramos a ese abandono, lleno de murciélagos, catres, veladoras y fotos aun colgadas. En la bodega, un cilo, y notas escritas con lápiz en la pared del bisabuelo que nunca conocí . De regreso, niños por todos lados pidiendo ser cargados en un brazo. Ya en mi casa, suposiciones de que se sentirá ser viejo y estar en el filo del abandono de este mundo.¿ A quien recordaría en ese borde?. Mi abuelo, cuando acaba de despertar, llama a Lupe a su auxilio; Contradictorio nombre, porque mi abuela se llama Elba. Lupe fue al parecer un amor de su juventud. No es que no quede vida ni un destino por desenvolver con determinación y vigor, pero, ¿es en realidad necesario el abandonarnos sin mayor consideración que el reafirmarnos en nuestra individualidad?, y hacer escuchar nuestro corazón, ¿es tan difícil?. Y aun, al ser escuchado, y recibido, ¿sería nuestro nombre el susurrado en los sueños de nuestro amante al final de su vida? y, ¿ seria el suyo, el que aspiremos como ultimo anhelo? Supongo que ninguno somos nadie para saber esto, y el misterio incluso detrás de nuestras propias miradas seguirá intacto hasta que seamos sinceros, cruelmente sinceros hacia adentro y hacia afuera. En luz y oscuridad.
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