El pasado aparece dibujado con esos trazos móviles, como una animación cuadro por cuadro que fluye constantemente en distintas direcciones y propósitos: lo que fue, es por lo que hoy es, y mañana será. El presente escapa en su mayoría a ser dibujado, como tratar de dibujar sobre aves en movimiento que después se esfuman hacia dentro de uno mismo. El futuro, ni verle podemos, conforme nos alejamos del pasado ante nuestros ojos, espera eso que viene a nuestras espaldas, sentimos como el viento su impulso, su frió, su calidez, el augurio de la sensación. ¿Pero dibujarlo?Si apenas somos capaces de captar el presente como tal...
Si hay una taza vieja reflejando en su café requemado el reflejo del sol sobre los arbustos afuera de esta habitación, y a un lado el ojo de un hombre destrozado en una impresión de una pintura de Berlín. Hay polvo, y una mosca merodeando. Y música que trata de definir este instante.
El arte es un regalo, la música es un presente. Suponemos que esa es su función. El objeto entregado con intención, es un presente, que informa a nuestra existencia de que estamos aquí y ahora, y eventualmente que estuvimos ahí y en ese entonces. Esto. estas letras, son un presente.
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